domingo, 18 de mayo de 2014

El olor de nuestra casa


Ya no queda un diciembre en tu mirada sin un sueño
en pretérito perfecto.
A decir verdad,
parece imposible que puedas creerte aquella mujer
que solía cantar hasta en las noches más largas.
Sabías mantener la calma cambiando la nostalgia
por una desdicha de interés tradicional.
Yo si sé quién fue,
sé quién acabó robando el olor de nuestra casa,
de vuestra casa.
Pero aquí estamos, como si nada seguimos
viviéndonos bajo una ciudad que galopa en ayunas
hacia su infancia.
Quizá sea ese espacio que dejamos en blanco,
entre minuto y minuto,
acabará con esto, se nombrará a si mismo
para que nuestras manos sigan siendo nuestras manos
y no cualquier moneda de cambio,
para que nuestros hijos tengan un trozo de mar al que cantarle.
Tal y como ellos pretendían,
tal y como tu me decías;
a veces una se olvida de los pasos que nos han regalado,
pero la muerte no hace al silencio ni el silencio a la muralla
minuto a minuto, minutos a versos
volveremos a ser el olor de nuestra casa.









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