martes, 25 de marzo de 2014

Podríamos hablar de las olas

Podríamos hablar de las olas
y de cómo por ejemplo,
hay días en los que resulta inevitable
verse con el agua al cuello.
Te dejas caer desde un precipicio
para quedarte dormido sobre el agua,
lo suyo sería cambiar ese verbo
¿no crees?
Hablemos de saltos y no de caídas
y aunque parece que eres de esos
que viven con el “es que nada es para siempre”
te propongo que calles un segundo,
te desabroches los ojos
y te creas paisaje,
porque hasta una hormiga azul
me dice que no olvida tu nombre,
¿Quieres saber por qué te escribo de espaldas?
Es que yo también tengo miedo
de que se rompan las olas mas bellas de este lugar
y no quede nada.