domingo, 14 de abril de 2013

El aroma de los niños


Ahora que corre arena por mis venas
mi cuerpo es un reloj eterno
inerte.
Es temprano y aún ignoramos el sentido
del tiempo,
pero llega ese día en que te nace la vida
y en su forma verbal
tal vez un pestañeo sea desinencia de
sueño infinito,
el aroma de los niños ¿lo recuerdas?
como el sabor que ha dejado tu historia
sobre mis labios,
ellos sólo saben de palabras y poco de
tu roce,
la arquitectura de un paisaje descolgado
dónde volaban la mayoría de mis secretos,
mi verso,
una pequeña isla de pétalos.
Puede que dejes atrás tu mirada de barcos,
entonces,
sólo espero que corran océanos por mis venas,
ya sabes que los buenos romances
                       siempre nos dejan deshechos.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre un poema precioso y lleno de sentimiento..

De todos modos he de discernir con el final... no creo que los buenos romances nos dejen deshechos. Creo que los buenos romances son el motor de la vida. Lo que hace que cada mañana al despertar tengamos ganas de sonreir un día más.

Me gusta especialmente esta parte:

como el sabor que ha dejado tu historia
sobre mis labios,
ellos sólo saben de palabras y poco de
tu roce,

Muchas gracias como siempre por dejar que leamos tus poemas y que hagan que una tarde de domingo sea algo más hermosa.

Sigue así Elisabeth!

astaghfirullah dijo...

Solo deseo que para que no tengas problemas cardiovasculares, los oceanos no conviertan en barro
la arena con que sangrabas este epitafio de una pasión al otro lado del tiempo, en la isla de tu verbo.

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