lunes, 10 de diciembre de 2012

La urbanidad de tu silencio


El viento asedia todo tu recuerdo,
mordisquea mis tobillos
hasta adosarme a tu ventana
como cualquier otra triza
que emigra del cielo.
Sabes que sigo viviendo en tu piel,
sólo existo entre tus manos,
dos animales salvajes
que domestican mis pechos.
Mi sino gestándose en tus muslos
sigue la ruta de tu mirada
hacia mi casa que es tu cama.
Ya sabes que eres el mejor lugar
para descuidarse entre los sueños.
Me bautizo con tus besos albinos
y como un pájaro de la noche
retozo entre tus ramas.
Me pierde la urbanidad de tu silencio,
quizá no debí respirar tanto de tu aliento
-me digo-
ni abrirme las venas para que olieras mi sangre
ni escribirte un te quiero en las pestañas...
Me prendí del erotismo de un dístico elegiaco
-presuntamente eterno-
que nos ha vuelto dos espigas contrariadas.
Quizá no viva una anti historia peor,
ahora que tu cepillas otros cabellos en el alba
yo no soy más que otra letra de un alfabeto primario.