sábado, 5 de noviembre de 2011

De un astro y el viajero.

Sabes, 
hay alguien que navega sobre el cielo diseccionado 
abrigado por un suspiro artificial que le acerca 
un poquito más a la comisura de las sospechas; 
desde allí dicen que puede delatar a un astro. 
Mientras, no dejo de apretarme los dientes, 
no es fácil escapar de las costumbres de los idiotas, 
o no tan idiotas. 
Y pienso en esto, en aquello, en si algún día las auroras 
me harán hablar como aquel trashumante doblado 
o en si veré de nuevo la humildad de los lirios 
en uno de esos momentos simétricamente terribles. 
Pienso en mi casa, y en la casa que hay en mi casa, 
en la gente que la habita y en la gente que entra en gente 
que desgarra nombres, los remienda en su piel desinflada 
y muerde, sigue mordiendo, 
bostezando el rumor de las cosas mas bellas de este lugar 
que un astro contempla.

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