domingo, 18 de mayo de 2014

El olor de nuestra casa


Ya no queda un diciembre en tu mirada sin un sueño
en pretérito perfecto.
A decir verdad,
parece imposible que puedas creerte aquella mujer
que solía cantar hasta en las noches más largas.
Sabías mantener la calma cambiando la nostalgia
por una desdicha de interés tradicional.
Yo si sé quién fue,
sé quién acabó robando el olor de nuestra casa,
de vuestra casa.
Pero aquí estamos, como si nada seguimos
viviéndonos bajo una ciudad que galopa en ayunas
hacia su infancia.
Quizá sea ese espacio que dejamos en blanco,
entre minuto y minuto,
acabará con esto, se nombrará a si mismo
para que nuestras manos sigan siendo nuestras manos
y no cualquier moneda de cambio,
para que nuestros hijos tengan un trozo de mar al que cantarle.
Tal y como ellos pretendían,
tal y como tu me decías;
a veces una se olvida de los pasos que nos han regalado,
pero la muerte no hace al silencio ni el silencio a la muralla
minuto a minuto, minutos a versos
volveremos a ser el olor de nuestra casa.









martes, 25 de marzo de 2014

Podríamos hablar de las olas

Podríamos hablar de las olas
y de cómo por ejemplo,
hay días en los que resulta inevitable
verse con el agua al cuello.
Te dejas caer desde un precipicio
para quedarte dormido sobre el agua,
lo suyo sería cambiar ese verbo
¿no crees?
Hablemos de saltos y no de caídas
y aunque parece que eres de esos
que viven con el “es que nada es para siempre”
te propongo que calles un segundo,
te desabroches los ojos
y te creas paisaje,
porque hasta una hormiga azul
me dice que no olvida tu nombre,
¿Quieres saber por qué te escribo de espaldas?
Es que yo también tengo miedo
de que se rompan las olas mas bellas de este lugar
y no quede nada.